Tunic - Wrong Dream

Cada vez que Tunic se ponen manos a la obra, el cielo se tiñe de negro, algo que también acompaña al título de su nuevo disco, "Wrong Dream", via Artoffact Records, sintiendo el punk en 'Sounds Repeat' como un arma de doble filo que se clava lentamente y no les permite salir a flote hasta que el sangrado es masivo y con él, una locura superlativa que los aprisiona sintéticamente, cayendo todo el peso de la distorsión sobre su lírica, momento fatídico con el que seguir en el pozo de 'Punishment Enough', acatando la misma una seriedad cuasi militar que enseguida se desmelena para descubrir su verdadera cara, estableciéndose un ruido metódico que choca de frente con 'Disease', desesperación de altas frecuencias que encuentra consuelo en cada golpe baterístico proveniente de Dan Unger, recibimiento con el que el cantante y guitarrista, David Schellenberg, eleva el pulgar hacia arriba por contar en sus filas con Drew Riekman al bajo, pernoctación nocturna que da refugio a su particular versión de ese derecho al aborto de las mujeres, llevado éste al headbanging bajo el nombre de 'My Body, My Blood' y así posicionarse a su favor.

El secado al que han sido sometidos marca los compases de 'Protected', de ahí que utilicen el autoconvencimiento severo para volver a la vida, sacándose inesperadamente una electrificación que conquista el rock y el fuzz que la envuelven, acto de rebeldía venido de la nada para comodidad de 'Whispering', cuyo armazón reforzado no permite atropellos sonoros no aprobados por si mismos, alarma mediante, como medida disuasoria y así que les y nos, vuele la cabeza una vez más antes de revisitar los 80's con 'Indirect', post-punk de manual que las baquetas y los riffs martirizan para llevarlo a ese terreno modelado por barro y 'Under Glass', efecto secundario psicotrópico que pone sus pensamientos en orden, salvaje pero efectivo, ante la atenta mirada de una 'Empty Husk', que escupe por la boca todo aquello que se habían guardado estos años, segunda juventud para que sus cuchilladas cordales, así como vocales, consuman su propia venganza.