El dúo valenciano Margarita Quebrada debuta con el mini LP "Luces", via Jabalina Música, levantando a su paso una polvareda de dream-pop y post-punk sintético, capaz de arrasar a nivel nacional en el año más complicado de nuestra vida, algo reflejado en el tema que entona el título del álbum y que hace de anfitrión, traspasando sus letras el desamor por la desgana que se ha impuesto allí donde ahora se están llevando a cabo conciertos, saliendo a la luz la archiconocida 'Laberinto' para sean las cuerdas las que nos lleven a la pista de baile, aunque sea en ese imaginario donde se juntan la psicodelia y los 80's, allí donde ahora solo queda una encomiable afección que poco a poco va perdiendo el sentido de la palabra en el espacio y el tiempo, de ahí que 'Placer' caiga como una necesidad de liberación mental que solo tiene que alimentarse de los recuerdos del ayer, actuando como una palmadita en la espalda de oscurantismo biológico que debe preceder a la tormenta, y en el caso de 'La Finca Roja', tropical, y como mandan los cánones, reverberando su paso entre las sombras que frecuentan las cuerdas, azotando la batería el contorno perimetral para que 'Tu Voz' cierre el disco de culto con DIIV y la vorágine de los 70's por delante, afectación a la que la lírica le presta la mínima atención por aquello de vivir embebido todavía en la desazón más absoluta.
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Margarita Quebrada
Nacho López y Miguel Yubero son Margarita Quebrada, los cuales dibujan un amalgama de post-punk sintético y new wave, bien emparejada con un dream-pop del que el cantante se deja empapar en 'Laberinto', single debut al que le seguirá este mismo año la publicación de su primer largo, via Jabalina Música, hecho ganado a pulso por el dúo valenciano al presentar un ambiente reverberado junto a un manto de lo-fi, en el que las cuerdas bailan al son de los sintetizadores y las cajas de ritmos, cargando el tema de una psicodelia alucinógena al que los 80's le van como anillo al dedo, consiguiendo elevar la lírica al primer plano, con una historia de amor que ha dado tantas vueltas, que no existe un punto de retorno para que recobre todo su sentido, así que al final ha acabado siendo algo imposible de sostener, y aunque los últimos versos mantienen la calma absoluta que arrastra el tema en sí, se nota que la mirada se ha quedado prendada del infinito de la nostalgia.
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