Omni - Deluxe

El trio de Atlanta Omni, está formado por el guitarrista Frankie Broyles (ex-Balkans / Deerhunter), el bajista y a la vez vocalista Philip Frobos (Carnivores), así como su amigo e ingeniero del álbum Nathaniel Higgins, el cual se encarga de las baquetas en "Deluxe", álbum debut que basa su existencia en el post-punk bien encerado, tomando a Viet Cong como clara referencia, como atestigua por ejemplo 'Afterlife', la cual atesora la solemnidad del género, aunque llevado al terreno veraniego de los Beach Boys, de ahí que los ritmos clásicos no aguanten la presión en loop a la que acostumbra usar el género en sí, con las cuerdas también dirigiendo la mirada hacia un dream-pop que solo es capaz de mostrarse perturbado por los de Alberta, rozando el desquiciamiento total en 'Wednesday Wedding', cuya fiesta sonora introduce una agudeza que ataca directamente a los nervios, conservando la calma sus más allegados, haciendo el sobreesfuerzo de que si pasan de ella algún momento, cesará su actividad, aunque la táctica se descontrola y destila los tintes que marcan las pautas de NOTS, con una distorsión microfonal compartida con 'Wire', aquí ondeando la bandera norteamericana mientras los ritmos raperos dan cobertura a un tema, al que el júbilo ciega, con unos destellos de fantasía ochentera que tienen que ser controlados por el artificiero Toro Y Moi, el cual vuelve a hacer de las suyas en 'Siam', aunque aquí más comedido por eso de limitarse al uso de confeti y matasuegras, aunque la resaca que viven hace que la instrumentación esté a un volumen tal, que la psicodelia errática que bebe por los vientos del fuzz, parece golpear con más fuerza.

'Earrings' tira de rock de cantautor de guitarras de la misma época y batería cincuentona, consagración sonora que se mantiene firme ante los fervientes envites por caer en la tentación a los que los Amish parecen obligarlos, de ahí que 'Jungle Jenny' también mantenga las distancias, y lo hace con unas cuerdas guerreras a la par que soñadoras, luciendo espasmos en la batería, lo que hace que el tema tome cánones epilépticos mientras los foráneos a la banda se diviertan a su vez bailando como si de un swing con coreografía se tratara, tirando de caderas y del traje de buzo de los 60's, a lo que 'Cold Vermouth' añade el parecido estético de Terry, mientras ahora las gentes se mimetizan en cowboys que coreografían al son de Coyote Dax, con galopadas menopáusicas de los que se enfrentan a botellazo limpio.

La relajación vive en 'Eyes On The Floor' sus mejores días, de ahí que su vocales tengan ese rollito karaoke, compartiendo Philip, a grito pelado, el micrófono junto con sus compañeros, disfrutando de una vida en alta mar a la que 'Plane' intensifica, poniendo de relieve una tensión llena de un noise rebajado que despierta el entramado sonoro que mostraban en los orígenes del álbum, con un manifiesto militar garagero para estrictamente no olvidar de donde vienen, dejando espacio para la experimentalidad con la que han mantenido tratos y un papurrí estiloso de las cuerdas para que '78' no decaiga en sus inicios y pueda así mantenerse en lo más alto, concurriendo en una suerte de montaña rusa que incluye alguna que otra ola de surf rock.