El debut en largo de Beige Palace, "Leg", via Buzzhowl Records, muestra la magnificencia de los de Leeds, donde Ant, Kelly y Freddy, vuelven a hacer de las suyas, experimentalmente hablando, tras dejar atrás la elocuencia en su EP debut, "Gravel Time", llenando 'Mum, Tell Him' dicho vacío con una monotonía organística que es una llamada a los fieles, distorsionando su contenido de tal forma, que el cambio sea suficiente para traer una barbarie compuesta de fuzz y garage que los embauque y haga estallar por los aires, como así le sucede a un Freddy que pone toda su explosividad al servicio del micrófono, con ayuda eso sí, de una Kelly que da en el punto clave que se siga haciendo justicia, lo que les vale a todos para caer en la anarquía estruja cerebros instrumental de 'Dr. Thingy', cuyos protagonistas, a capella, modelan este hecho de forma que su lírica paralelísitca tenga momentos de conjunción, los cuales acaban como el rosario de la aurora, o sea, cayendo toda la decadencia en un grunge que firmarían hasta YAK.
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Beige Palace - Gravel Time EP
Beige Palace tienen el descaro experimental de muchas más personas juntas que lo que viene siendo su formación, la cual conforman Freddy Vinehill-Cliffe a la guitarra y micrófono, Kelly Bishop a los teclados y micrófono, y Ant Bedford predigándose a la batería, conjurando su magia en su EP debut "Gravel Time", dando 'Song Arm' buena cuenta de una amalgama jazzística en su versión más garagera, donde las cuerdas suponen la idiosincrasia estilística hacia un noise que solo respeta el dedo corazón levantado de su rebeldía punk, cayendo en una electricidad que se alía con el desplome vocal que supone el tono y la lírica de Freddy, llegando al punto de que los fantasmas de Big Ups, bajo la persona de Joe Galarraga, visitan a los de Leeds, lo que pone punto y final a una obra que acaba abriendo una grieta, que 'Cat's Feet Towel' intenta cerrar por todos los medios a través de una improvisación más propia del flautista de Hamelin, llevándose las penas Kelly de la forma más sutil posible al tirar de fábula gatuística para no guardar rencor y así pasar página, aunque 'My Very Own Horse Torch' no escapa de la vorágine disociativa mental generada en sus comienzos y vuelve a caer por el mismo precipio sentimental arraigado a una instrumentalidad que solo con su último aliento consigue mantener la cabeza en alto.
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