Mostrando entradas con la etiqueta The Lounge Society. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta The Lounge Society. Mostrar todas las entradas

Yard Act

Yard Act desprenden el rollo maniaco garagero de las publicaciones de Speedy Wunderground, haciendo coincidir en su single debut, 'The Trapper's Pelts', la disociación temperamental de black midi, la insistencia maquiavélica de Treeboy & Arc, el desacople excéntrico de Black Country, New Road, el estrellato cósmico de PVA y el magnetismo de The Lounge Society, apostillando externamente la extravagancia de The Murder Capital, sacando de Leeds, y por ende de Gran Bretaña, la zona de confort de sus cuatro integrantes, estando en lo más alto el post-punk, llevado en volandas por unas guitarras que la acercan al subsuelo del underground más setentero, mostrando su actitud una correlación con los suburbios de una lírica, obra del frontman James Smith, el cual se muestra anonadado con este mundo mientras entremezcla las primerizas enseñanzas de aquellos que intentan anteponer su criterio y lo que realmente manda en la calle, agonizando la pillería, sin lamentos, ante lo mundano de lo que un día fue West Yorkshire.

The Lounge Society - Generation Game 7"

Inglaterra y Speedy Wunderground, una combinación que ahora trae a The Lounge Society, cuarteto de Hebden Bridge formado por el vocalista y bajista Cameron Davey, los guitarristas Herbie May y Hani Paskin-Hussain, así como el batería Archie Dewis, cuya carta de presentación es "Generation Game", un 7" repartido en dos partes que comparten la filosofía llevada al sello por parte de bandas como SquidBlack Country, New Road o Black Midi, mostrando las tres su cara tras haber cultivado la banda un post-punk de riffs acomodados apoyados en una suave psicodelia, con los que logran atrapar al micrófono tras servir de alfombra roja para que se manifieste en todo su esplendor, aumentando la intensidad y la rabia en beneficio de un rock de nueva ola reverberado y delayado para que se produzca la explosión congénita de un noise controlado que noquea su adrenalina, la cual recogen del suelo en una segunda parte donde la lírica lleva todo el peso político de sus protestas, sin levantar la voz para irritar más a los más contrariados, lo que propicia que cuando elevan su tono, éste se propague como un puñetazo de punk en su puta cara, al estilo resultadista de shame.