Empezar el año descolocando al personal es muy LYMES, cuya nueva publicación es en realidad un antiguo lanzamiento, el cual no corresponde siquiera a su actual nombre, sino que se identifica con LLGOONS, banda que dio lugar a Lime Lagoons, y de ahí pasar ya a la formación actual que conocemos, pero sea como fuere, el EP "John The Jerk", conlleva la vivacidad característica de los australianos, restregando el tema que da nombre al álbum, un post-punk alterado genéticamente a base de rock y garage, cuya ebullición punk vocal, marca el órdago definitivo para entrar en su hábitat, y ellos, sabedores de esta situación, se desmarcan de ello con un solo de riffs, que apoyados en la esencia de L I T H I C S, acaban convirtiéndose en un dueto que tira del resto para volver a su estado inicial, ese en el que también claudica 'Virtual World', pieza de orfebrería que clama venganza entre distorsión, reverberación y una oscuridad arraigada, en la que el micrófono permanece apagado para confabular los astros de King Gizzard & The Lizard Wizard y perseverar en el intento de crear una jam session de las suyas.
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LYMES
Weird punk es el adjetivo fácil achacable a LYMES, el grupo australiano formado por Ben Mangan , Dan Reid, Jack Cutler, Lyndon Cartledge y Josh Knight, cuyo primer EP, "Index", arrastra la coletilla, gracias a 'Breaking Is A Memory', de tener un sonido cercano a The Coneheads y Uranium Club, centrándose en la parte bailable de mover las caderas en base a un rock garageado de forma intermitente capaz de traer el espíritu de Pulp Fiction, con las cuerdas fantaseando con Pinch Points a sus espaldas, delito que descoloca a 'Human Limits', entonando un ritmo endiablado en el que parece que al cantante se le va explotar el cerebro en menos que canta un gallo, quedando retratado The Cool Greenhouse en la recámara al apoyarse sobre el benévolo egg punk con el que azotan el suroeste del país, mostrándose al micrófono más gritones que de costumbre, alteración cognitiva que se adueña de 'Like Nuts' y que le hace bromear con un country que nada más posar los dedos sobre las cuerdas y la madera de las baquetas, desaparece para voltear con una oda desbocada a lo que ya forma parte de su ADN, entrando en duelo poguísitico en esa segunda revancha, para darle a su público motivos suficientes para que sigan volteando la situación a su manera.
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