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SLIFT - 2016: Spacetrip For Everyone

SLIFT comenzó su andadura con el EP "Space Is The Key", o eso nos hicieron creer a todos, ya que ahora, los buenos de Jean, Rèmi y Canek, se descubren con "2016: Spacetrip For Everyone", tres demos jamás publicadas en las que les acompaña también a los vocales Fabien Escalle, abriendo 'Monkey Eyes' el 12" publicado por Six Tonnes De Chair con un garage rockeado y krauteado, capaz de simular los meteoritos con los que sedientamente se topa una espacialidad procedente de las fugaces idas y venidas de la psicodelia, la cual aguanta los envites de las cuerdas envueltas en los 60's, el espíritu de libertad y el flower power, y de un sinte descubridor de unas fronteras que en 'Heay Road' siguen siendo inexistentes, flotando en el ambiente las ganas de ser ese agujero negro que  mueva los ritmos de un lado para otro, estallando con la réplica vocal de su frontman, lo cual provoca que Jimi Hendrix, aureola incluída, se aparezca para deleitarnos con un viaje de armas tomar que es capaz de hacer mella en su piedra emocional, llegando tácitamente a oídos de 'Space Trip', la cual corre pisándole los talones a The Devils, al tiempo que el estilo de la casa reorienta el camino para no acabar embarrados de fango punk y blues rock hasta debajo de las uñas, donde ahora ya solo quedan restos de su propia sangre procedente de las cuerdas.

SLIFT - Space Is The Key EP

En Toulouse hay un trío que al igual que Iguana Death Cult en Holanda y The Glücks en Bélgica, está poniendo el gallinero patas arriba en su Francia natal, con un EP debut, "Space Is The Key", que se argumenta principalmente desde el garage y la psicodelia, gracias a Jean (voz y guitarra), Rèmi (voz y bajo) y Canek (batería), con un largometraje extendido a lo largo de los 5 temas que Howlin' Banana Records decidió apoyar sin contemplaciones, con 'Dominator' empleando su tiempo en volar la cabeza de sus oyentes, ya antes siquiera de dar una caña que no promete pero que se encuentra embebida en sus tentáculos instrumentales, gozando como vampiros de la noche de los muertos vivientes a través de un rock cincuentero que se infecta de garage y fuzz, haciendo saltar así las alarmas y a cada uno de su asiento si no estaba ya de pie, llamando a la calma con la salida de la luna llena, pero es un imposible que hace tope con la psicodelia de Tame Impala antes de aparecer a la orilla de 'The Sword', sin recordar prácticamente nada por el efecto de una noche gloriosa que llega hasta el amanecer, donde destellos del día anterior se acumulan por la languidez inicial mostrada, perdiéndose entre las neuronas activas cuando las cuerdas entran en un bucle reverberativo al tiempo que cortan el aire y quedan sin respiración al respetable, resolviendo 'Sound In My Head' el problema de raíz, cayendo a plomo a lo Royal Blood, y con un descaro que les afecta agudamente a las cuerdas vocales del coro, batiéndose entre la maldad y la posesión infrahumana que la electricidad se encarga de abaratar antes de que la especie se propague.