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Tooth

A Tooth no le tiembla el pulso en sus primeros singles, 'Medicine' y 'The Age Of Innocence', via Relentless Records, reflejos de una juventud que se centra en el rock primigenio, electrificado cuando las cosas duelen, para que el fuzz sea otra de las señas de identidad de Tom Pollock (voz, guitarra), Ben Ashley (guitarra), Charlie Arnison (bajo) y Roy Lowe (batería), quienes también aúnan buen rollo ante las adversidades, marcado en sus ondas sonoras el eterno recuerdo a Viola Beach.

Hypothetics

Hace un año Hypothetics ponía la maquinaria en marcha con 'What Do You See?', single en el que daban buena cuenta del rock de Viola Beach y un speech hip-hopero, que finalmente calentaba las guitarras a fuego lento para explosionar con un solo de esos escuchado en Woodstock del 69, cambiando al garage más candente de Slaves en 'Take It In Your Stride', fenómeno de masas asociado a lo que nos suele llegar de Inglaterra, y del que sus miembros Dan Pacini, Jim Wilcox, Joe Holliday y George Bailey, dan buena cuenta en singles como 'Impact' y 'Big Cheedar', aunque si les dejas solos en una habitación, son capaces de incorporar el espíritu de King Krule a sus producciones, escúchese '2010' o 'New Dawn'.

Corella

Lo de Corella y Retratando Voces ha sido de amor a primera escucha, y es que el cuarteto de UK formado por Joel Smith (voz y guitarra), Ben Henderson (vocales y bajo), Jack Taylor (guitarra) y James Fawcett (batería), practica un pop de pinceladas rockeras, a veces garageras, energético a más no poder, que en manos de 'Say Something' o 'Barcelona Girl', hace que la mente dibuje el recuerdo de Viola Beach, aunque Two Door Cinema Club tampoco faltan a la cita ('Caught Up') para llevar el sentimentalismo al homenaje, aunque el ritmo cantante lo llevan los de Warrington, campo floral para la lisergia de 'Let On', que les muestra con un punto más de maduración, tanto en la instrumentación como en la actitud, yendo a por todas en contraposición a esa lírica que lucha contra las inseguridades para dar ese primer paso adelante, pero una vez dado, provocan que 'Island', o mejor dicho, sus guitarras, circulen por un dream-pop no apto para nostálgicos que tiene el cuchillo entre los dientes, no faltando a la épica en su final, con un ramalazo a lo Coldplay entre medias, que surfea el drop como buenamente puede.

PRIESTGATE

El romanticismo inglés rinde pleitesía a PRIESTGATE, quinteto de Hull que desde mediados de 2018, no ha hecho más que despegar gracias a los tres singles, cuatro si contamos el venidero 'Summ(air)', que aparecen en su contador personal, encontrando en ellos su inspiración divina por bandas como DIIV, Joy Division, Slowdive y RIDE, contrastado ello en 'Skim', la cual se sube a un carro de dream-pop cordal que, baterísticamente, se centra en el final de los 70's, dejando que los vocales se muevan con el estilo característico de Viola Beach, añadiendo un puntito de rabia que emplaza a perder la cabeza con 'No Love No More' y esa raspada suya que emula los momentos calmados de Pete Doherty y The Libertines, a lo que se suma una grunge ambiental que trastoca la dureza de su sonido, haciéndole imposible a 'Wouldn't Life' competir con semejante nivel, de ahí su dedicación íntegra hacia un rock debilitado por los sueños que quedaron en el tintero de los de Warrington.

Deepdiver

Deepdiver van despidiendo el año colándose como una de las revelaciones a tener en cuenta desde ya con 'Joyrider', un single debut que seguro es el primer fascículo de una venidera colección de éxitos, y es que  el cuarteto de West Yorkshire formado por Stanley Marsland, Ciaran Lockwood, Ayden Polley y Rowan Morill, despiertan a partes iguales nostalgia por los 90's, gracias a vorágine de grunge y shoegaze de carácter británico (My Bloody Valentine) que logra llenar el estudio de oscuridad, siendo la cal o la arena esa ilusión por como puede sonar el 2019, donde el dream-pop cordal de DIIV se entromete en un camino reverberado y delayado vocalmente, el cual no se inmuta pese a los incendios que su estilo va generando a su alrededor, con una forma de tratarlo, a su vez instrumental, que homenajea y llora la pérdida de otra de las bandas más prometedores del panorama internacional, Viola Beach.

Johnny Kills

Esta es la historia del que trabaja haciendo promoción y te sorprende con el entramado musical del que lleva siendo protagonista 2 años, a lo que es lo mismo, mi buen amigo Lewis Lloyd-Kinnings, al que acompañan en esta aventura sus hermanos, el de sangre, Tim, y el espiritual, Cameron Gipp, anunciando con 'Who's Counting?', la buena nueva de su fichaje por el sello Killing Moon Records (Annabel Allum), desmadrándose por ello poperamente con un surf de fondo que se enreda con las cuerdas, las cuales portan alegramente los tres, ya que la batería por cuestión de principios recae en su mayoría en manos de Fin S. Woolfson, el más moderado de todos, ya que los otros es pillar el micrófono y perderse junto a un sonido cargado con un toqueto fuzzero que calienta aún más el ambiente, y que a su vez suelta el lastre de la presión adherida a lo que han sido sus singles anteriores, con una parte final que aúna el recuerdo de unos Viola Beach que seguro pondrían también la alfombra roja al juego que se trae 'Not So Bad', con esa tranquilidad evolutiva que golpea rockeramente todo lo fuerte que puede a la puerta de 'End Game', mostrándose esta temeraria hasta que impone sus principios de alt-roll con olor a stoner, cebándose con una carga eléctrica que filtra un terror que juega con lo angelical de lo infantil en los vocales, acabando de decorar este paisaje las cuerdas gracias a un toque ácido que se desvive en lo que un año antes fue su single debut, 'Let's Talk About Me', bailando eléctricamente para recubrir de obnublaciones los pilares interpuestos en los 50's, manteniendo el espíritude una forma para nada buscada, el recuerdo permanente de LIFE.

SPINN

Hay un vacío moral en la música debido a la pérdida de Viola Beach, y no es que SPINN hayan venido a reemplazarlos, sino que mantienen la llama de pop soñador que envolvía a los chicos de Warrington, obra que empezaron hace 4 meses con 'Home', donde las guitarras de Jonny y Andy se dejan acompañar por el calor del verano del que también son partícipes Sean al bajo, y George a la batería, con una lírica que es fácilmente llevadera al terreno emocional, por aquello de 'permíteme quedarme contigo' o 'no me lleves a casa', colándose alguna lágrima por entre los párpados cerrados al tiempo que las imágenes se suceden a un ritmo demasiado alto, como para no tener que ejercer una concentración soberana para disfrutar de los ritmos salteados de los de Liverpool, y del amor que la ciudad de los Beatles es capaz de hacer aflorar en el cuarteto.

'Notice Me' sigue la senda de su antecesora, aunque ahora, una vez que el amor ha triunfado, hay que celebrarlo con pasión girando sin parar, con las miradas entrecruzándose, dejándose llevar por el momento, dejando que la luz de la luna se encargue del control de la situación.

Bird Palace

Bird Palace tienen su base entre Stockholm y Falun, nada extraño a tenor de que los miembros de la banda se elevan a cinco, Douglas Drvota al micrófono, Ludwig Snellman y Fredik Hollsten Martinez a las guitarras, ocupando Isak Löb el bajo y Adam Hansson la batería.

'Chinese Ferrari Super Orgy Death Crash' no hace honor a los tiros por donde va su música y estilo, ya que el tema en sí consiste en la repetición del título una y otra vez, sin ninguna variación lírica, en lo que sería la perfecta representación de una celebración en casa de Ariel Pink, a la hora en la que las cajas de cerveza aka botellas de alcohol estuvieran vacías.

PALM HONEY - You Stole My Blackout / Bones 7"

Palm Honey es un cuarteto de Reading que salió a la palestra con 'Palace', una demo que absorbía los parámetros del dream-pop junto con la psicodelia más humana de Tame Impala, de cuyas cenizas salió 'Bewitched' hace 9 meses, marcando con acento inglés una instrumentación regida por el mismo corte que su predecesora, acercándoles más a Temples, aunque contando con un rock como guardaespaldas para los menos puristas.

Joseph Mumford, Harrison Clark, Sebastian Bowden y Ayden Spiller, tras dar sus primeros pasos, han decidido lanzarse a la piscina con su primer 7", un doble cara A que rebaja las expectativas con 'You Stole My Blackout', un tema que transpira psicodelia y pop, lo que los convierte en un híbrido entre los de Kettering y Spring King, yéndose las guitarras de madre hacia los 60 para así dejarse caer por 'Bones', la cual no sabe si endemoniarse o aclararse, por lo que va dando una de cal y otra de arena, al son de una alegría de carácter serio contagiada por Viola Beach.

Viola Beach - Viola Beach

Los chicos de Warrington nos dejaron demasiado pronto, por ello, en un gesto de sus familias, tenemos en nuestras manos el álbum debut homónimo de una banda, que con un solo 7" se metieron a la crítica en el bolsillo, habiéndoles calificado aquí como una de las nuevas bandas a tener en cuenta en el panorama anglosajón y por ende, en el internacional.

'Swing And Waterslides' empieza con la energía a la que nos tenían acostumbrados, con un tono Circa Waves que recalca el positivismo y el buen rollito de ese rock tan suyo que se ciñe a los cánones del pop y que líricamente muestra la evolución de adolescentes a hombrecitos, con la espera impaciente hacia el primer amor.

Viola Beach

Viola Beach son un cuarteto de Warrington que directamente nos lleva al universo montado por Two Door Cinema Club y Bombay Bicycle Club que al micrófono suenan como si Pete Doherty se hubiera reconvertido al pop

'Swings & Waterslides' abría la veda del constante verano en el que se encuentran Kris Leonard (guitarra/voces), River Reeves (guitarra), Tomas Lowe (bajo) y Jack Dakin (batería), con unas guitarras que salen de marcha por un mundo exótico en el que el baile, la diversión y el buen rollo salpican a esta época del año, dejando para 'Cherry Vimto', los días de acurrucarse en el sofá arropado con una manta, en el que ellos aprovechan para mostrar que detrás de la fiesta también hay sentimientos, desarrollados aquí junto con su lado más intimista y oscuro, dándose una pausa entre ellos para disfrutar de esos momentos, en los que hay que parar (o estirar) el tiempo lo máximo posible.